CLÍNICA ÓRGIVA

La salmonelosis: cuidado con lo que comes en los meses de calor

Con la irrupción del calor llegan también las conocidas intoxicaciones alimentarias tan típicas del verano. Una de estas toxinfecciones provocadas por la falta de precauciones higiénicas con la comida es la salmonelosis, enfermedad causada por una bacteria denominada salmonella.

El verano es la época más propicia para el desarrollo de las denominadas intoxicaciones alimentarias o enfermedades gastrointestinales causadas por el consumo de alimentos en mal estado, ya que el aumento de las temperaturas favorece el desarrollo de gérmenes como los estafilococos, la salmonella o el botulismo. Y es que de las 15.000 intoxicaciones alimentarias que se producen al año en España, la mayoría de casos se dan en los meses de estío. Por ello, durante esta época del año debemos tener especial atención en la seguridad alimentaria a la hora de manipular y cocinar los alimentos, así como para elegir el establecimiento si decidimos comer fuera de casa. La preparación de alimentos requiere no sólo de habilidad culinaria, sino también de inteligencia y precaución. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las normas para preparar bien los alimentos incluyen una cocción pareja; consumo inmediato de los alimentos cocidos; una conservación adecuada; recalentar muy bien los alimentos cocidos para que el calor destruya los microorganismos que puedan haber proliferado durante su almacenamiento; y no mezclar alimentos crudos con cocidos, ya que uno puede contaminar al otro en lo que se denomina contaminación cruzada. La higiene y la buena conservación de los alimentos son las claves para no padecer una disfunción gastrointestinal que puede provocar una deshidratación grave y que, a veces, conlleva el ingreso de los afectados en centros hospitalarios.

¿Cómo se produce la salmonelosis?

Los agentes que causan las contaminaciones en los alimentos son fundamentalmente bacterias. Éstas son las responsables de que intoxicaciones como la salmonelosis, una de las intoxicaciones alimentarias más conocida por su frecuente aparición durante los meses de altas temperaturas. Se origina por la Salmonella, una bacteria que contamina algunos alimentos, además de las aguas no tratadas. Generalmente se transmite a través de la ingestión de agua y alimentos contaminados, aunque con buen aspecto, tales como carne de ave (sobre todo el pollo), pescado, los huevos cuando se consumen crudos o mal cocidos, y los productos lácteos y sus derivados.

Dicha bacteria también se encuentra en las heces de personas infectadas, que pueden trasmitir la bacteria por no lavarse las manos después de ir al sanitario y manipular alimentos que serán después ingeridos por otros individuos.

Esta enfermedad se caracteriza por dolor abdominal, diarrea, náuseas, fiebre, dolor de cabeza y de las articulaciones y vómitos. El período de incubación es de 6 a 72 horas y persiste entre 24 a 72 horas. El cuadro es más grave en personas con un sistema inmunológico comprometido, tales como recién nacidos, lactantes, ancianos y personas enfermas, que pueden necesitar ingreso hospitalario, si bien la muerte por salmonelosis es muy rara.

¿Qué debemos hacer en caso de contagio?

En el caso de padecer alguno de los síntomas antes citados, hay que acudir al médico, aunque no debemos alarmarnos puesto que no es una enfermedad grave, si bien antes de aplicar alguna terapia es importante identificar la presencia de la bacteria en el organismo, ya que hay otras enfermedades que tienen los mismos síntomas que la salmonelosis. Una vez identificada la bacteria, la persona afectada normalmente se cura en pocos días reponiendo líquidos, sales y siguiendo una dieta blanda (nada de antibióticos), aunque excepcionalmente pueden surgir complicaciones como la fiebre tifoidea, cuyo tratamiento y pronóstico es diferente. También puede ocurrir que las diarreas sean demasiado severas, y en ese caso el paciente puede requerir hidratación, por lo que a veces es necesario su ingreso en un centro hospitalario. Sólo cuando la infección se extiende es necesario el uso de antibióticos. En este sentido, y aunque es muy poco común, existe la posibilidad de padecer el síndrome de Reiter, una enfermedad que afecta a un mínimo porcentaje de infectados por Salmonella, que puede durar meses o años y provocar artritis crónica, y cuyos síntomas se caracterizan por dolor en las articulaciones y al orinar e irritación ocular. Cualquier persona puede ser susceptible de padecer o verse infectado por Salmonella pero hay dos grupos de edad que tienen un mayor riesgo: los ancianos y los niños. De ahí que muchas de las epidemias de salmonelosis que se dan se produzcan en residencias de ancianos, colegios o campamentos infantiles. Consejos para prevenirla La principal medida preventiva para evitar contagios es extremar la higiene personal durante el verano, además de tomar las debidas precauciones a la hora de manipular alimentos. Además, hay que tener en cuenta que aunque el alimento puede tener buen aspecto no debemos confiarnos puesto que puede estar contaminados. En primer lugar, la carne se debe cocinar bien antes de comerla, y los huevos deben ser siempre frescos, si bien no es recomendable su consumo si no presentan la cáscara intacta y limpia. Debemos hacer especial hincapié en la preparación de mayonesas u otras salsas que contengan huevos, ya que pueden sufrir alteraciones por las altas temperaturas. Por ello se deben hacer con la máxima limpieza posible y guardarlas rápidamente en la nevera. Los productos lácteos no deben permanecer en estas fechas más de dos horas a temperatura ambiente. Por ello, los especialistas en nutrición recomiendan comer alimentos frescos o muy bien refrigerados, un punto a favor del consumo de frutas y verduras, las cuales deben servirse siempre después de ser lavadas con abundante agua. Por último, también es importante tener en cuenta que no se debe descongelar a temperatura ambiente, ni con mucha anticipación, los alimentos que se van a cocinar (carne roja, pollo, pavos y otros), y que nunca debemos volver a congelar un alimento que ya fue descongelado, salvo que haya sido cocinado.

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